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Que la Paz y la Misericordia del más Compasivo llegue a todos los corazones. Cercanos al ayuno de Ramadan, en este 2.009 o en cualquier otro, invitamos a quienes se consideren en esta línea espiritual, a reflexionar sobre la probable necesidad de modificar la trayectoria de su propia vida, pues hay suficiente agresión en el mundo como para que las gentes que se consideran espirituales, se erijan a su vez en agresores de la diversidad de pensamientos que suponen conocer, y aún conociendo. Por esto creemos que es pobre la vida espiritual de quien tan solo ayune, rece, mantenga su ortodoxia y al unísono se ocupe de buscar defectos en las vidas ajenas, cuando puede haber tanto que modificar en la propia. La vida del espíritu, si es verdadera, ha de estar marcada por el respeto a la imagen ajena y al buen nombre de los demás, esto es esencia de la enseñanza Muhammadí. Ha de estar marcada por la reflexión sobre la propia trayectoria y por la modificación del comportamiento personal, ¡principal esfuerzo!, y nunca por el intento desmedido e inoportuno de modificar el comportamiento ajeno con agresión y descalificaciones irrespetuosas. Pues antes que la descalificación ha de primar la autocrítica, con el fin de de transformar en cenizas todo cuanto proviene del ego desmedido, será entonces cuando la corrección será dada con la cortesía que le corresponde, ¡y tan sólo cuando es requerida! Desde estas líneas invitamos a que cada cual observe la trayectoria de su propia vida, pues en cada vida hay motivos sobrados de esfuerzo para la modificación, sin necesidad de ocupar el tiempo que se nos ha dado en erigirnos como jueces de la vida de otros. ¿Acaso el criticador no encuentra nada por modificar en su trayectoria, que ha de ocupar su tiempo en corregir la vida de los demás? Invitamos a ocupar cada tiempo en el propio desarrollo, y abandonar así los campos de batalla, las afirmaciones indudables, las precipitaciones y la presunción del que cree con certeza que ya sabe mediante una deducción parcial, corrompida o mediatizada por su propia visión de lo que observa predispuesto a la búsqueda del defecto. Invitamos a que cada cual enseñe sin agresión, tan solo cuando se le pida, y no antes. Invitamos a ejercer la prudencia del Sabio, que es Consciente de que todos los datos no están en su mano. Invitamos a no hacer de la crítica un modo de vida, pues esto habla de la propia vacuidad interna, que se alimenta del escándalo para subsistir. Invitamos a no hacerse expertos en la búsqueda del conflicto y la descalificación, signo de patología comportamental, pues la lengua malediciente siempre encontrará apoyo para lo que se esfuerce en buscar, ya que al buscador de conflictos siempre se le responde según los datos que aporta, aunque estos estén fuera de tiempo o contexto, o incompletos. Por todo esto, cierto conocimiento de la trayectoria del criticador obsesivo nos desvelará su inestabilidad psíquica o su trayectoria antisocial, su compulsión a corromper a cuantos grupos se acerca inyectando en ellos el malestar y la polémica. Estos personajes suelen estar involucrados en actividades que, con frecuencia, rompen la línea de la legalidad, usurpando personalidades, profesiones y un largo etc., de conflictos. Todo ello son manifestaciones externas de patologías psiquiátricas de antigua trayectoria. Invitamos por lo tanto a la reflexión sobre la propia trayectoria, para modificar cuanto haya de ser modificado, al diálogo antes que a la batalla, a la tolerancia en la diversidad, al respeto y la prudencia, a corregir con afecto hasta ser comprendidos, ¡si es que así se nos pide!, y a no elevarnos como jueces sobre otras personas, ni ensuciar con nuestros actos lo que no hemos entendido aunque nos parezca que sí lo hemos hecho, ni a justificar la crítica aportando la opinión de otras personas mal informadas. Invitamos al esfuerzo por entender que cada persona tiene un camino, como enseña el Corán, y que solo Allâh es juez. Que la diversidad es obra del Creador, y que en esa diversidad todo tiene un lugar y un propósito. Antes que al insulto y a la descalificación, pongámonos con buena disposición a la autocrítica y corrección, y después al diálogo fraterno y respetuoso, ¡si es oportuno y pedido! De esta manera seremos asistidos mutuamente en la modificación de nuestros errores ¡cuando entendamos que lo son! Desterremos de nuestro comportamiento toda forma de menosprecio, insulto, agresión e intolerancia, pues esto siempre cerrará los oídos de quien nos escuche. Porque, de ser así, ¿qué propósito tendrá nuestra agresión, si no es el de satisfacer nuestro afán destructivo? Que la Sabiduría nos alcance a todos, para hacer de nuestra vida un tiempo de reflexión y decambio.

Patio de nuestra Zawiya en el Valle de Ricote (Murcia)

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