ANTONIO SAÍZ DOTOR

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ANTONIO SAÍZ DOTOR, que en la tradición Sufi adoptó el nombre de Saíd, a semejanza de su apellido es, desde hace varias décadas, nuestro maestro en esta antigua y noble tradición. En la Península Ibérica, así como en otros lugares de Europa, de África y América, son numerosas las personas que estudian con él. Es de suponer que todos somos personas bien informadas, tanto sobre su realidad pasada y presente como sobre lo que dicen de él quienes le alaban y quienes le difaman, ocultándose bajo múltiples y exóticos seudónimos.

El señor Antonio Saíd, (Hayy Sidi Saíd), nos recomienda no entrar nunca en polémicas ni en respuestas descalificadoras, por lo tanto él mismo no responde nunca en estos medios de la red, ni a los aduladores ni a los detractores. En cambio siempre se encuentra dispuesto al encuentro cara a cara, personal y educado. Un encuentro que los detractores rechazan, lo que ya de por sí es elocuente.

Antonio Saíz (Hayy Sidi Saíd) nos dice: “No entréis en polémicas, pues el mal se alimenta del mal. Dejar que nos insulten y difamen, esto nos beneficia para que mantengamos sujeto al ego”.

Nosotros tres, en cambio, creemos que también es necesario informar correctamente a las personas que leen estas cosas, siempre que lo hagamos sin señalar a nadie, sin descalificar a ninguna persona, como Sidi Saíd nos enseña. Por esta razón, después de años de silencio, hemos considerado conveniente, con su autorización, introducir en este medio una breve parte de su enseñanza, totalmente inspirada en el Sagrado Corán y en las tradiciones del Profeta Muhammad (s.w.s.)

Internet, que es un medio extraordinario para el conocimiento y la comunicación, puede convertirse en una cloaca, ¡donde todo cabe!, en las manos de ciertos personajes que, eludiendo el encuentro personal, protegen su anonimato bajo seudónimo.

Ya que cuanto aquí se dice, aquí se queda, sea verdad o sea mentira, se habría de considerar el bien que podemos hacer, y nunca el mal que estigmatiza a las personas. No se debería de tener esa torticera afición que, con “mala baba”, se dedica a verter basura sobre las personas y sus  familias inocentes que padecen tales agresiones. Sobre todo cuando los agresores no han sido nombrados, ni personalmente ofendidos, en ninguna forma por los agredidos.

Nuestra intención, con esta única publicación, es tan sólo informar ¡sin nombrar ni aportar datos personales de nadie! En esto nos diferenciamos. De lo contrario no contaríamos con la autorización de Antonio Saíz (Hayy Sidi Saíd) para publicar estas líneas. Pues no sería  propio de personas prudentes que aspiran a ser respetadas y, en ningún caso, de personas con inquietud espiritual.

Por muchas que sean las justificaciones que se puedan alegar, la adicción a buscar lo sucio y mezquino, haciendo de este inestimable medio que es la red, un cenagal, es más propio de probables trastornos sociopáticos que de personas con altas inquietudes. Es de suponer que, quienes se dedican a esta maliciosa “labor”, tienen de sí mismas un alto concepto de perfección y nada de lo que arrepentirse.

Por estas razones Antonion Saíz (Hayy Sidi Saíd), nuestro maestro, nos enseña:

“Recogeremos aquello que sembramos. Quien siembra sufrimiento crea su sufrimiento y esto es lo que recoge. Quien siembra celos, crítica, envidia, murmuración…, estos serán sus frutos. Pero quien siembra prudencia, tolerancia, conocimiento, amor y misericordia, recogerá en abundancia de todo ello e iniciará su paraíso en vida como co-creador en la Divina Misericordia.

Sólo el amor, la tolerancia, la sabiduría, la sencillez, la prudencia y la observación de la Divina enseñanza, pueden cambiarnos a nosotros mismos y al mundo. Nunca lo harán  los extremismos, las disputas, las polémicas, las críticas del murmurador o la violencia en cualquiera de sus formas, ya sea con palabras o con acciones.

Si aspiras al Conocimiento considera que la paz de tu corazón es anterior a él, pues es la paz la que prepara el terreno del Conocimiento, ya que sin paz no hay Sabiduría. Y los instrumentos que se nos dieron para hallar la paz, que precede al Conocimiento, son estos; el respeto, la prudencia, la cortesía, la tolerancia, la paciencia y la hospitalidad.  Igualmente entre quienes son semejantes a nosotros como entre quienes no lo son. Cualidades, todas ellas, regidas por la humildad y la cortesía muhammadí.

No dudéis de que la calidad e intensidad de nuestra evolución también depende de cómo llevemos en la práctica diaria nuestra relación con quienes son próximos a nosotros y con quienes están lejos de nosotros. Ya sea en la forma de pensar o de cualquier otra manera.

Recordad siempre lo que nos enseñan los hadices del Profeta y, de esta manera, estar prevenidos de hacer el mal a ninguna persona, se declare o no enemigo vuestro. Por lo tanto, no aduléis a vuestros amigos, pues vuestra adulación les perjudicará. Y no hagáis públicas las faltas de aquellos que se han declarado como enemigos vuestros, porque el juicio no es vuestro, sino de Dios bendito y alabado”.

Así se nos advierte en el Corán 104:1: “Hay de todo aquel que difama, que critica”

Y al respecto nos enseña Muhammad (s.w.s): “El poder no reside en la capacidad de golpear a otro, sino en ser capaz de controlarse a sí mismo cuando surge el enojo”. “Un musulmán perfecto es aquél de cuya lengua y de cuyas manos está a salvo la humanidad”. “Desde el amanecer hasta el anochecer y desde el anochecer hasta el amanecer, mantén tu corazón limpio de malicia hacia otras personas”. “Los mejores entre las personas son aquellos que te recuerdan a Dios cuando los ves, y los peores son aquellos que repiten chismes para hacer maldad y separar a los amigos, y que buscan encontrar fallos en los demás”.

Antonio Saíz (Hayy Sidi Saíd) continúa:

“Estas enseñanzas nos indican que la soberbia, la murmuración, la búsqueda de fallos en los demás, etc., son una maldición que se origina en el ego y son atributos que dan personalidad al mal. Protégete de estas cosas, aniquílalas, porque si no lo haces ellas acabarán contigo.

Mantengamos el corazón cerrado a los malos pensamientos, a la crítica, a la burla, a la conjetura o al insulto, pues el corazón humano ha de mantenerse limpio, ya que es propiedad del Altísimo y sólo Él es el que juzga y retribuye según Su Sabiduría.

Las malas palabras se asemejan al agua derramada de un vaso que, una vez derramada, no es posible recogerla toda. De manera semejante, una vez vertida la crítica no es posible restaurar por completo la buena imagen perdida. Este es un mal bien conocido por quienes, justificando su adicción a la crítica, a la censura, a la polémica o a la calumnia, se autoproclaman jueces censores”.

Confirmando lo dicho nos enseña el Sagrado Corán:

“¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! No os burléis unos de otros; puede que esos (de quienes os burláis) sean mejores… Y no os difaméis unos a otros, ni os insultéis con motes ofensivos, mala es toda imputación de iniquidad después de haber alcanzado la fe…” Corán en 49:11 “¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! Evitad la mayoría de conjeturas sobre otra gente…, y no os espiéis los unos a los otros, ni murmuréis unos de otros” Corán 49:12

“Por lo tanto ninguna persona tiene por qué ser como nosotros consideremos que es mejor, pues nuestras ideas están construidas con nuestra capacidad de entendimiento y,  este, es relativo. Nuestro juicio, por lo tanto, puede ser precipitado. Absteneros de él”. Así nos lo enseña el Corán en 21:37 “El ser humano está hecho de precipitación”.

“Hemos de aprender a aceptar con humildad y confianza que no somos perfectos, ni sabemos lo que esto significa, pues sólo Dios es perfecto en Sí Mismo. Por esta razón nos enseña el hadiz Muhammadí”:

“Si fuerais perfectos Allah destruiría esta humanidad, y crearía otra con vuestras mismas imperfecciones, para que cuando cometan errores volvieran el rostro hacia Él pidiendo perdón y Él los perdonara”.

“Hemos de caminar por el mundo compartiendo los bienes de la tierra que se nos han confiado en usufructo. El rey y el mendigo nacen y mueren de la misma forma, ninguno de nosotros es dueño de nada, sólo El Poder Creador puede disponer.

Así pues no levantes la cabeza con arrogancia, y no digas ¡yo sé! ó ¡yo tengo! en detrimento de lo que otro no cree, no sabe o no tiene. Pues se nos enseña:”

“No camines por la tierra con arrogante presunción, pues, ¡ciertamente, nunca podrás partir la tierra, ni crecer tan alto como las montañas!” Corán en 17:37

“Las diferencias entre las personas son una decisión creadora, y no un motivo para la agresión, sino para  que aprendamos unos de otros y nos encontremos en la diferencia, ya que es la diferencia la que nos enriquece.

¿No sería mejor que cada uno de nosotros formáramos parte de las soluciones y no de los problemas?

Seamos quienes seamos, pensemos como pensemos, o creamos lo que cada cual pueda creer, transformemos nuestros corazones en instrumentos de Paz y Misericordia, pues Islam es as-Salam o La Paz, y en Dios todos somos Uno. Todos venimos de Un mismo Origen y todos tendemos hacia un mismo Fin. ¿Por qué no podemos encontrarnos en el “Teatro de Sombras” que forman los intermedios?

Así pues, no seáis parte de los problemas sino de las soluciones, para que os recuerden con agrado. Por estas enseñazas sabemos que no se nos dio La Revelación para hacernos infelices, o enemigos unos de otros, sino como consejo y guía, con el más profundo respeto por el tiempo que cada persona necesita para comprender desde su diferencia.

Aprendamos a convivir en el respeto, la cortesía y la tolerancia entre todos, pues es Dios quien hace a todas las personas según las diferencias con las que nos ha creado.

Es Él quien establece lo diferente y lo semejante según Su designio, pues nos dice el Corán en 5:48       “A cada uno de vosotros le Hemos asignado una ley y un modo de vida distintos”.

Si entendemos esto dicho y lo llevamos a la práctica, quizás podamos convivir con cuantos difieren de nosotros, al considerar que las diferencias, por ser enriquecedoras, son designio de la Sabiduría Creadora. Las diferencias personales son una incógnita para los demás. De aquí que sea irracional menospreciar al prójimo por ser diferente.

Ejercitaros en el respeto, en la cortesía, en la tolerancia y en la hospitalidad, pues estos son los elementos que se nos dieron para hallar la paz y el conocimiento, igualmente entre quienes son semejantes a nosotros como entre quienes no lo son, pues se nos enseña:

“Si un no musulmán busca tu protección, concédesela, para que tenga ocasión de escuchar la palabra de Dios, y luego hazle llegar a donde esté seguro”. Corán 9:6

No nos elevemos como jueces sobre ninguna persona, y no queramos imponer nuestros pensamientos, ni nuestra fe, ni nuestras costumbres. Sólo Dios conoce lo que guarda el corazón humano y sólo Él es el retribuidor, pues enseña el Corán 45,14:

“Di a los que han llegado a creer que deben disculpar a los que no creen en la llegada de los días de Dios, pues sólo a Él incumbe retribuir a la gente según se merece”.

“Mantengamos el corazón cerrado a la crítica, a la burla, a la difamación, al insulto, a la conjetura y a la murmuración, pues el corazón humano es patrimonio del Altísimo y sólo Él es el que juzga y retribuye según Su Sabiduría. Por esto se nos advierte con frecuencia:

“Hay de todo aquel que difama, que critica” Corán 104:1

Que Dios nos bendiga para que seamos capaces de alcanzar Su propósito creador en cuanto a la convivencia entre pueblos y culturas, sin hacer de la tierra un campo de polémicas y desencuentros. Las diferencias entre las personas son una decisión creadora, y no un motivo para la agresión, sino para el mutuo aprendizaje y encuentro en la diversidad. La tierra nos da sus frutos al ser regada con agua, y no con agresiones, pues:

“Dios es quien ha hecho de la tierra un lugar de descanso para vosotros” Corán 40:64

“Será Dios quien decida sobre la discrepancia entre religiones”. Corán 2:113

No se nos dio La Revelación para hacernos infelices, o beligerantes enemigos unos de otros, sino como consejo y guía, en el más profundo respeto por cada medida y por cada tiempo:

“No Hemos hecho descender este Corán sobre ti para hacerte infeliz, sino como exhortación” Corán 20:1

“Las beligerancias, la falta de cortesía, la falta de respeto y de tolerancia ante lo diferente, la crítica y la murmuración, la adicción a la polémica, son el signo evidente de la más profunda soberbia del ignorante, sin que importe cuantos sean los conocimientos académicos que puedan poseerse. El ignorante, así concebido, ha sido atrapado por el ámbito de lo ilusorio a través de su vanidad, y sus “conocimientos” de libro, que no de espíritu, pueden ser el velo que cubra sus ojos”. Así nos lo enseñan los hadices del Profeta para quienes quieran entender: “Un musulmán perfecto es aquél de cuya lengua y de cuyas manos está a salvo la humanidad”.

“Desde el amanecer hasta el anochecer, y desde el anochecer hasta el amanecer, mantén tu corazón limpio de malicia hacia otras personas”.

“Los mejores entre las personas son aquellos que te recuerdan a Al Lah cuando los ves, y los peores son aquellos que repiten chismes para hacer maldad y separar a los amigos, y que buscan encontrar fallos en los demás”.

LOS GRANDES MAESTROS DE LA TRADICIÓN SUFI. Inspirados en el Corán y la Sunna del Profeta, también enseñaban así:

“El iniciado está más allá de lo que dice, el erudito más acá. El iniciado se ocupa de su Señor, el erudito de su propio ego”.                                              Sheyh Bistami (m. 874)

“Nadie puede jactarse de haber llegado a la verdad, si no ha sido tratado de hereje por mil personas de peso”.                                                                                 Sheyh Yunayd

“No te apegues exclusivamente a ninguna religión, de manera que dejes de creer en las otras; perderás no poco bien. Más aún, no acertarás a reconocer la Verdad”.

“Dios, el Omnipresente y el Omnipotente, no está encerrado en ningún credo ni en religión alguna, porque donde quiera que os volváis, allí está el rostro de Dios”.

“Hubo un tiempo en el que yo rechazaba a mi prójimo si su religión no era como la mía, hoy mi corazón se ha convertido en receptáculo de todas las formas religiosas”.

“Cada cual reza lo que cree; su Dios es hechura de sí mismo y, al rezar, ora a sí mismo. Por eso anatematiza las creencias de los demás; lo cual no haría si fuese justo, porque el desagrado hacia la religión ajena se basa en la ignorancia”.

“Para los amantes de AlLah no hay reglas. La religión del amor no tiene código o doctrina. Sólo a Dios”.

El Sheyh Ibn al Árabi, de origen murciano

Esta será la única información que nosotros tres daremos al respecto, no responderemos a ninguna crítica, a ninguna descalificación ni entraremos en polémicas con quienes se oculten bajo seudónimos.

En cambio, y como muestra de buena voluntad, sí que estaremos encantados de encontrarnos personalmente, cara a cara, con quien quiera intercambiar ¡educadamente! opiniones con nosotros. Ya sean a favor o en contra de lo dicho. Para más información entrar en; tarikashadilia@hotmail.es

Que el más Compasivo nos bendiga y nos muestre el más recto de los caminos, en el que no hemos de sentarnos a murmurar, ni a buscar fallos en los demás, sino en el que nos hemos iniciado para caminar con amor de Dios, con esfuerzo, con constancia, con paciencia y humildad.

Dios Misericordioso nos guarde y nos bendiga para que seamos fieles a Su Guía, y así nos muestre Su Rostro de Misericordia en el día señalado para cada uno de nosotros.

Abdalá ibn Saíd, Hakim ibn Saíd y Nordin ibn Saíd

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TARIKA SHADILIA DE MURCIA (VALLE DE RICOTE)

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EN PRESENCIA DEL MÁS COMPASIVO, EL MÁS MISERICORDIOSO

Esta Tárika Shadilía, instalada en el Valle de Ricote, fue en su día confirmada por tres Maestros Norteafricanos. Antes de morir, el Maestro de nuestro Sheyh también le dio su reconocimiento personalmente, y tras su deceso se lo dejó por escrito testamentario, entregado a través de su hijo y sucesor.

Más tarde, el Sheyh de la Tárika Shadilía en Alejandría reconoció el magisterio de nuestro Sheyh en la Mezquita Mausoleo de Abú l´Abbás el Mursi, a cuyo acto asistieron diversas personalidades relevantes.

En el Consejo Supremo de Investigaciones Islámicas de El cairo, también fue reconocida la ortodoxia de las enseñanzas de nuestro Sheyh, igualmente en la presencia de altas personalidades.

De todo lo cual nuestra Tárika conserva documentación escrita, fotográfica y de vídeo que confirma la veracidad de lo dicho si fuera necesario.

No obstante, nuestro Sheyh afirma que la mejor y más válida de sus credenciales proviene del progreso integral de sus discípulos, cuyo número crece cada año. ¡Ciertamente!, nuestro Sheyh nos enseña sin “empujones”, con una gran tolerancia y una sabia adaptación de la ortodoxia Muhammadí a nuestros tiempos y entorno social. Su enseñanza se adapta a la comprensión y capacidad de cada discípulo, a sus posibilidades, a su ritmo y a su conciencia. Nunca exige, nunca inquiere, nunca ofrece respuestas que no se le han pedido, actuando así a tenor de las enseñanzas del Profeta Muhammad (p.b.) que, inspirado en el Sagrado Corán, decía; “No puede haber coacción en asuntos de fe”. Diez libros escritos clarifican suficientemente este planteamiento.

La tolerancia, la paciencia, el respeto a cada tiempo y a cada conciencia, son la causa de que nuestro Sheyh actúe en según que ocasiones con cierta heterodoxia, pero este es el espíritu de La Revelación; “La paciencia y el respeto”. Nuestro Sheyh sabe que esta actitud suya puede ser mal interpretada por quienes llegan, están un tiempo parcial, juzgan y se marchan sin haber profundizado, aún cuando crean que sí lo han hecho. También es posible que haya personas con una disposición patológica a la crítica destructiva, en todo caso y con el fin de hacer una llamada al respeto, así como a la liberad para vivir nuestra fe sin ser por ello descalificados, es por lo que tras el ayuno del pasado mes de Ramadán, en este año 2.009 o en cualquier otro, invitamos a quienes se consideren en esta línea espiritual a reflexionar sobre la probable necesidad de modificar la trayectoria de su propia vida.

Que el más Compasivo nos bendiga a todos.

Para más información nuestra Web es: www.tarikashadilia.es

 

Proposito de Concordia

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Que la Paz y la Misericordia del más Compasivo llegue a todos los corazones. Cercanos al ayuno de Ramadan, en este 2.009 o en cualquier otro, invitamos a quienes se consideren en esta línea espiritual, a reflexionar sobre la probable necesidad de modificar la trayectoria de su propia vida, pues hay suficiente agresión en el mundo como para que las gentes que se consideran espirituales, se erijan a su vez en agresores de la diversidad de pensamientos que suponen conocer, y aún conociendo. Por esto creemos que es pobre la vida espiritual de quien tan solo ayune, rece, mantenga su ortodoxia y al unísono se ocupe de buscar defectos en las vidas ajenas, cuando puede haber tanto que modificar en la propia. La vida del espíritu, si es verdadera, ha de estar marcada por el respeto a la imagen ajena y al buen nombre de los demás, esto es esencia de la enseñanza Muhammadí. Ha de estar marcada por la reflexión sobre la propia trayectoria y por la modificación del comportamiento personal, ¡principal esfuerzo!, y nunca por el intento desmedido e inoportuno de modificar el comportamiento ajeno con agresión y descalificaciones irrespetuosas. Pues antes que la descalificación ha de primar la autocrítica, con el fin de de transformar en cenizas todo cuanto proviene del ego desmedido, será entonces cuando la corrección será dada con la cortesía que le corresponde, ¡y tan sólo cuando es requerida! Desde estas líneas invitamos a que cada cual observe la trayectoria de su propia vida, pues en cada vida hay motivos sobrados de esfuerzo para la modificación, sin necesidad de ocupar el tiempo que se nos ha dado en erigirnos como jueces de la vida de otros. ¿Acaso el criticador no encuentra nada por modificar en su trayectoria, que ha de ocupar su tiempo en corregir la vida de los demás? Invitamos a ocupar cada tiempo en el propio desarrollo, y abandonar así los campos de batalla, las afirmaciones indudables, las precipitaciones y la presunción del que cree con certeza que ya sabe mediante una deducción parcial, corrompida o mediatizada por su propia visión de lo que observa predispuesto a la búsqueda del defecto. Invitamos a que cada cual enseñe sin agresión, tan solo cuando se le pida, y no antes. Invitamos a ejercer la prudencia del Sabio, que es Consciente de que todos los datos no están en su mano. Invitamos a no hacer de la crítica un modo de vida, pues esto habla de la propia vacuidad interna, que se alimenta del escándalo para subsistir. Invitamos a no hacerse expertos en la búsqueda del conflicto y la descalificación, signo de patología comportamental, pues la lengua malediciente siempre encontrará apoyo para lo que se esfuerce en buscar, ya que al buscador de conflictos siempre se le responde según los datos que aporta, aunque estos estén fuera de tiempo o contexto, o incompletos. Por todo esto, cierto conocimiento de la trayectoria del criticador obsesivo nos desvelará su inestabilidad psíquica o su trayectoria antisocial, su compulsión a corromper a cuantos grupos se acerca inyectando en ellos el malestar y la polémica. Estos personajes suelen estar involucrados en actividades que, con frecuencia, rompen la línea de la legalidad, usurpando personalidades, profesiones y un largo etc., de conflictos. Todo ello son manifestaciones externas de patologías psiquiátricas de antigua trayectoria. Invitamos por lo tanto a la reflexión sobre la propia trayectoria, para modificar cuanto haya de ser modificado, al diálogo antes que a la batalla, a la tolerancia en la diversidad, al respeto y la prudencia, a corregir con afecto hasta ser comprendidos, ¡si es que así se nos pide!, y a no elevarnos como jueces sobre otras personas, ni ensuciar con nuestros actos lo que no hemos entendido aunque nos parezca que sí lo hemos hecho, ni a justificar la crítica aportando la opinión de otras personas mal informadas. Invitamos al esfuerzo por entender que cada persona tiene un camino, como enseña el Corán, y que solo Allâh es juez. Que la diversidad es obra del Creador, y que en esa diversidad todo tiene un lugar y un propósito. Antes que al insulto y a la descalificación, pongámonos con buena disposición a la autocrítica y corrección, y después al diálogo fraterno y respetuoso, ¡si es oportuno y pedido! De esta manera seremos asistidos mutuamente en la modificación de nuestros errores ¡cuando entendamos que lo son! Desterremos de nuestro comportamiento toda forma de menosprecio, insulto, agresión e intolerancia, pues esto siempre cerrará los oídos de quien nos escuche. Porque, de ser así, ¿qué propósito tendrá nuestra agresión, si no es el de satisfacer nuestro afán destructivo? Que la Sabiduría nos alcance a todos, para hacer de nuestra vida un tiempo de reflexión y decambio.

Patio de nuestra Zawiya en el Valle de Ricote (Murcia)